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HOMBRE - Me mentiste, Jonás. Dijiste que los fantasmas del pasado no volverían. Porque lo dijiste, ¿verdad? De nada vale ahora tratar de ocultarlo. Tú me trajiste a la perdición, pero ahora ya no hay nada que hacer, así que podemos intentar llevarnos bien, ¿no crees? (El gato mueve las orejas, el hombre lo observa y calla unos instantes) Tienes razón. ¿Recuerdas cuando la señora Winkles te daba comida a escondidas para que no se enfadara mi madre? Pobre mamá... De aquellas éramos felices, ¿eh?... (permanece en silencio con una leve mueca de dolorosa nostalgia deformando su rostro, ya de por si grotesco, y fija la vista distraídamente en una mota de polvo que se pasea alegremente por la alfombra) Eso era la buena vida: pequeño, alegre, sin responsabilidades, el mundo era mucho más bonito, veía y vivía lo que quería cuando quería, no tenía ni que cerrar los ojos... Era todo tan real, incluso siendo consciente de que no lo era... Era tan maravilloso... Después creces y te quitan los pájaros, benditos pájaros, a golpes de la cabeza; descubres los pequeños y los grandes placeres de la vida, los disfrutas y te horrorizas al comprobar que se esfuman con una asombrosa facilidad. Y entonces tratas de volver a la mansión de los sueños de cuando aún no tenías pelo cubriendo tu cuerpo, pero es demasiado tarde, la puerta ya está cerrada y no puedes hacer más que mirar por la ventana de tus ilusiones, dejar tu vaho congelado en el cristal y arrancarte las uñas arañándolo con la desesperación de un pájaro enjaulado. (El gato mueve el rabo ligeramente) Desistes, y juegas tú solo fuera de la casa, finges disfrutar a lo grande, pero siempre estás mirando hacia la misma ventana con ojos desafiantes. Pero llega el momento en que ya no te quedan fuerzas ni para seguir jugando, así que desistes y te marchas, echas a caminar por infinitos montes gélidos sin rumbo fijo, hasta que las piernas se doblan y caes de rodillas. Y te duermes, y despiertas en un lecho extraño, no sabes donde estás pero sí que es lo último que verás. Así es como llegué aquí, y tú lo sabes, y sin embargo nunca me dijiste...
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